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Ciudar y labrar nuestro jardin; dos tareas vitales. <= o:p>
Por Ariel Costantino.
En Génesis 2:15 dice: “Tomó, pues,
Jehová Dios al hombre y lo puso en el huerto de Edén, para qu=
e lo
labrara y lo cuidara” RV1995. (énfasis mío)
Al igual que a Adán, cada uno de nosotros Dios nos dio =
un
jardín del cual somos, o debemos ser responsables. Es trabajo nuestro
cuidarlo y labrarlo, no es responsabilidad de Dios.
Cuidar y labrar son dos tareas vitales. Comencemos por
Cuidar
Veamos algunos sinónimos de Cuidar: Atender, vigilar, velar, preservar,
defender, y asistir.
Quiero que piense, en el mundo que nos rodea y de que
cosas somos responsables.
Tal vez seamos casados... padres de familia... o
Pastores... empleados de oficina... líderes de jóvenes...
maestros... ministros... estas cosas u otras, son parte de nuestro
jardín.
No es responsabilidad de otro, si nuestra esposa se
encuentra mal. No es responsabilidad de la maestra, que nuestro hijo sea
maleducado, es nuestra responsabilidad. ¿Recuerda la historia de la
caída del hombre? Cuado el Señor le pregunto a Adán po=
rque
había desobedecido ¿qué le respondió? dijo:
“La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, =
y yo
comí” como diciendo: “yo no tengo nada que ver, ella me
obligó” luego le pregunto lo mismo a la mujer, y ella dijo:
“la serpiente fue”(génesis 3:11-13)
Es algo
frecuente, echarle la culpa a otros de nuestros errores. ¿No es verd=
ad?
Alguien dijo: “Errar es humano... pero echarle la culpa a otro, es mas
humano todavía”
Ad&aacu=
te;n
debía cuidar el jardín. Esa es la verdad. Era el trabajo del
hombre cuidar del huerto. Entonces, ¿Dónde estaba Adán
cuando la serpiente entró en el? ¿Por qué permiti&oacu=
te;
que entrara?
Nosotros somos responsables de cuidar de nuestros hij=
os,
de nuestras esposas, ministerios, congregaciones, amigos, trabajos y talent=
os.
Ellos son parte de nuestro jardín y debemos cuidarlos para que no en=
tre
la serpiente. En Apocalipsis 12:9 dice que el diablo es la serpiente antigu=
a.
Pedro dijo: “Sed sobrios y velad, porque vuestro adversario el diablo,
como león rugiente, anda alrededor buscando a quien devorar.” =
(1
Pedro 5:8) Seamos responsables, cuidemos lo que el Señor nos entrego=
.
El hombre no solo era responsable de cuidar el
jardín, también tenia que labrarlo y cultivarlo.
Este segundo trabajo es muy importante. Muchos cuidam=
os
de nuestro jardín, pero fallamos a la hora de labrarlo. Un labrador =
es
el que saca todo lo que no sirve de la tierra y la deja lista para sembrar.
Solo trabaja con lo mejor de la tierra. Para poder sembrar en la tierra (pe=
rsonas),
nosotros, como labradores, necesitamos desarrollar al máximo el
potencial de esta. Labrando sus corazones, eliminando lo que no sirve y
afirmando lo que si sirve. Nuestras palabras son poderosas. Cada vez que hablamos, sembramos semill=
as en
forma de palabras. Aquello que sembremos (aquello que hablemos, nuestras
palabras), será lo que segaremos. La manera de hablarle a nuestro
jardín, es lo que hará que este rinda mejor fruto. Lanzar
visiones acertadas, afirmando el potencial de los que nos rodean, lograra q=
ue
ellos sean, todo lo que pueden ser. En ocasiones encontramos que se dicen
frases como estas: “vos no cambias mas” “sos la oveja neg=
ra
de la familia” “deberías aprender de tu
hermano”"eres un inmaduro". Estas visiones negativas, son
semillas que a su tiempo darán como fruto, frustración y un
concepto erróneo de su persona.
¿Cuántas veces al día les decimo=
s a
nuestros hijos que Dios los quiere usar? ¿Cuántas veces le
hacemos saber que son importantes para nosotros? Y a nuestros
discípulos, ¿le hacemos saber que son especiales? Esta es una
buena manera de sembrar buenas semillas en nuestro jardín.
Contemos cuantas veces señalamos los errores de
los demás, y luego cuenta cuantas veces lanzamos palabras que afirme=
n, y
despierten en los que nos escuchan un deseo de ser todo lo que puedan ser, =
esto
nos dará una buena idea de cómo estamos labrando nuestro jard=
in.
Es responsabilidad nuestra el labrar, no es
responsabilidad de Dios. Ilustrare una historia para explicar esta ultima
parte.
=
En una ocasión un hombre se encontraba caminan=
do
por un pueblo y se encontró con un terreno totalmente descuidado,
abandonado, lleno de espinos, piedras y basura. Al ver este terreno el homb=
re
sintió un fuerte deseo de comprarlo. Comenzó a buscar quien e=
ra
el dueño del mismo. Al encontrarlo le hizo una oferta y el propietar=
io
acepto. Al haberse convertido en su nuevo dueño, emprendió una
nueva tarea, alquilo un container, y con sus propias manos comenzó a
quitar las piedras, la basura=
y
todo lo que no servia. Labro =
la
tierra y sembró trigo, maíz, y hortalizas. Al cabo de algunos
meses, se encontraba de la vereda del frente del terreno y este estaba muy
diferente a como lo había comprado. Maravillado con esto, vio que ah=
ora
esa tierras que habían sido inútiles estaban dando frutos. La
cosecha estaba cerca. Mientras que contemplaba esto, se le acercó el religioso
legalista del pueblo. Y le hizo despectivamente una pregunta:
-¿Te sientes orgulloso de todo esto que hicist=
e?
A lo que responde –por supuesto, es algo que co=
sto
mucho trabajo hacer.
-si pero recuerda que todo esto es de Dios- le dijo el
religioso.
-seguro- afirmo el hombre, y continuo diciendo: pero
hubiera visto, como lo tenia Él antes de que yo lo labre.
Dios nunca hará algo que nosotros debemos hace=
r.
“Yo planté, Apolos regó; pero el
crecimiento lo ha dado Dios.” (1 Corintios 3:6)
Cuidar y labrar nuestro jardín, es responsabil=
idad
nuestra. Los resultados los dará el Señor. Y entonces daremos
toda la gloria al Él.
=
Ariel
Costantino.